La otra primera línea: COVID-19 y trabajadores de plataformas digitales

Publicado por

Macarena Bonhomme

Socióloga, PhD© en Sociología por Goldsmiths, University of London (patrocinada por COES), y Máster (MSc) en Cultura y Sociedad por London School of Economics. Co-investigadora del proyecto Fairwork en Chile. También es co-investigadora del FONDECYT Nº1200082, “Construyendo el futuro desde Chile: Prácticas, imaginación y arraigo entre migrantes venezolanos, colombianos y haitianos residentes en Santiago y Valparaíso”.

3 comentarios en «La otra primera línea: COVID-19 y trabajadores de plataformas digitales»

  1. El primer artículo me pareció excelente; la igualdad no es para todos;la salud menos y son los migrantes quienes mayormente tienen que hacer el trabajo de repartidores, exponiéndose día a día a contraer el coronavirus y traspasarlo a sus familias
    Habrá camas en los hospitales para ellos ?

  2. Sucede que con esta crisis sanitaria y la nueva ley de teletrabajo el sistema de delivery sera la nueva forma de comprar en chile. Iincluso muchos supermercados grandes no dieron abasto ante la avalancha de gente que quiso comprar de esta forma. Aun recuerdo cuando muchos se reian de cornershop…al parecer era la idea del siglo.

  3. El trabajo independiente se viene desarrollando desde hace muchas décadas, no sólo ahora con el avance tecnológico, y responde a una característica de cierto perfil de trabajadores que no nos sentimos dispuestos a trabajar bajo parámetros laborales que de alguna manera limitan el desarrollo personal o la capacidad de administrar los propios tiempos de rendimiento. Normalmente, las relaciones laborales llamadas “estables”, con horario fijo, contrato, jefes, etc., lo que menos proporcionan es estabilidad, al ser los climas laborales muy complicados y hasta causantes de enfermedades emocionales en los colaboradores. El costo personal de lo que denominamos “estable” es bastante alto, y muchas veces su defensa no significa otra cosa que provecho político para algunos abanderados que “luchan” por mejores condiciones. La realidad es que pasan los años, y la situación continúa, las protestas continúan, y las condiciones no cambian. En el pasado, el dueño del carro de mote con huesillos, el vendedor puerta a puerta, la chica que cuidaba a los niños, quizá no obtendrían los beneficios de un contrato, pero sí obtenían algo en lo que estaban de acuerdo con su contratador: libertad obtenida de la flexibilidad horaria, pago acordado por horas, promoción de la confianza en el trabajo con las recomendaciones de los propios clientes, calidad directamente mejorada con la retroalimentación de clientes satisfechos, satisfacción laboral amplia, etc.
    En situaciones como esta pandemia, no existe protección de ningún tipo, ni subvención para este grupo de trabajadores, pero muchos de ellos nos encontramos reinventándonos, generando ingresos con creatividad aún desde nuestras casas, encuarentenados, gozando de la familia y de la salud mental que proporciona el hacerse cargo de la propia vida, sin intervenciones de ninguna burocracia.
    Por algo están funcionando las plataformas, porque quienes trabajamos ahí preferimos correr riesgos antes que esperar que otros nos solucionen algún día los asuntos económicos.
    Espero que en Chile siempre haya espacio y libertad para esta forma de vida que tomamos sin quejas y con agradecimiento los que preferimos vivir sin que el estado nos diga a qué hora, cómo y cuándo.

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