Ahora es el tiempo de la política

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Fernando Rosenblatt

Fernando Rosenblatt es Profesor Asociado en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales e Investigador del Instituto Milenio Fundamento de los Datos. Es doctor en Ciencia Política (Pontificia Universidad Católica de Chile). Se especializa en el estudio de organizaciones partidarias. Sus trabajos han sido publicados en Comparative Political Studies, Party Politics, Latin American Politics and Society, entre otros. Es autor del libro Party Vibrancy & Democracy in Latin America, publicado en 2018 en Oxford University Press. Además, es coautor (con Verónica Pérez y Rafael Piñeiro) de How Party Activism Survives. Uruguay´s Frente Amplio, publicado en 2019 en Cambridge Unviersity Press.

4 comentarios en «Ahora es el tiempo de la política»

  1. En desacuerdo que solo se logran capacidades organizacionales con trabajo presencial. Observo en el autor la tradicional práctica del paradigma. Considero que sin partidos políticos se puede construir una sociedad. Lo cambió por competencias, capacidades, destrezas, habilidades. Lideres existen…es transversal. Lideres independientes…suficientes. en 200 y más años hemos tenido partidos políticos…hoy y ayer no fueron ni eficientes, ni eficaces. Es hora de los independientes…las tareas están señaladas.

  2. Hay un exceso de academisismo en este artículo, que debiera abrir más preguntas, de las que responde apresuradamente. El proceso constituyente tal como está diseñado no ofrece ningún espacio a nuevos actores, todo lo contrario, coopta todo el proceso a los partidos. Es ingenuo pensar que las personas más cuestionadas por la sociedad serían las encargadas de reformular en su contra un sistema político que les permite hacer carrera, que los beneficia y los diferencia del resto de la población. El mundillo de los operadores políticos es un anstro que solo busca el lucro personal y balancear sus déficit personales a costa de los demás. El tema aquí es que la tecnología de la información se ha masificado de tal forma que, ya no necesitamos de representantes, eso que hablan los autores del juego democrático resulta totalmente anacrónico a las nuevas generaciones que tienen en sus manos más herramientas para una deliberación directa.

  3. Sin una mejora sustancial de la cultura cívica, especialmente en lo rural, ningún partido será confiable ni logrará crecer. La estructura central de los partidos, no contempla, o si lo hace , no pone en practica una permanente relación de corte didáctico entre el mundo independiente y los elegidos por ellos. No son integralmente REPRESENTANTES de los electores independientes, aquellos que claramente obedecen las instrucciones u ordenes de partido, sin tomar en cuenta criterios e ideas de quienes mayoritariamente, les confirieran poder de representación, mas no amplia y sin restricción moral alguna.

  4. Los partidos políticos son insustituibles en un régimen democrático, pero no pueden tener el monopolio de la participación y actuación política. Los independientes participando en política, o sea personas no militantes, pero no neutrales frente a los problemas del país, serían una excelente fuente de oxígeno para muchos partidos en la UTI. Pero el sistema polìtico-electoral discrimina a los independientes con exigencias desmedidas de firmas, sin espacio gratuito en radio y TV, sin financiamiento previo (el verdaderamente útil). Una nueva constitución debe terminar con los privilegios discriminatorios que solamente protege a los incumbentes y su perpetuación y no alienta a la participación política ciudadana. Es lo que hemos estado discutiendo en el CLUB DEL DIALOGO CONSTITUYENTE

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