Cómo recuperar la enorme cantidad de dinero en impuestos que los más ricos no pagan

¿Por qué es necesaria una reforma tributaria en Chile? La primera y principal razón es de eficiencia económica: el actual sistema impositivo favorece un crecimiento económico desequilibrado, centrado en la obtención de utilidades de corto plazo y en emprendimientos de baja rentabilidad social, que arriesgan seriamente la posibilidad de que Chile salga del subdesarrollo.

El crecimiento económico en Chile está basado mayoritariamente en industrias básicas, como la minería, que requieren una fuerte inversión en maquinarias (capital físico), y hacen un uso intensivo de los recursos naturales y del medio ambiente. Nuestro sistema impositivo promueve este tipo de desarrollo en vez de favorecer industrias y servicios intensivos en conocimientos y tecnología, que son generalmente más dinámicas y benignas con el medio ambiente.

Pese a que se ha extendido la idea de que nuestra economía está llena de emprendimientos nuevos, lo cierto es que nuestro PIB depende de la economía primaria, específicamente del cobre, y lo seguirá haciendo en el mediano plazo. Pese a los discursos, nuestro país transita en la dirección contraria a la seguida por la mayoría de las economías desarrolladas, las cuales lograron esa posición reduciendo su dependencia de industrias intensivas en recursos naturales y aumentando la participación de empresas concentradas en capital humano y conocimiento.

Producir más software y menos cobre, investigar más y deforestar menos, ha permitido a los países desarrollados mantener altas tasas de crecimiento y aumentar la productividad de sus ciudadanos.

En Chile, sin embargo, mientras la inversión en capital físico ha crecido, el desarrollo del capital humano se ha quedado muy atrás. La cifra más ilustrativa de este proceso es que la productividad de la economía se ha contraído de manera alarmante en los últimos 15 años, a un ritmo de 0,3 % anual promedio. Es decir, cada año, pese a que la población aumenta, hay más gente trabajando y se invierte en nuevos equipos, cada chileno produce en promedio menos riqueza que en el período anterior. Este hecho ha pasado inadvertido pues la única cifra que se considera relevante es la del crecimiento económico. En los hechos, sin embargo, Chile ha estado creciendo mientras su productividad cae. ¿Cómo es eso posible?

Si nuestro país sigue siendo productor de materias primas no se debe sólo a que haya muchos minerales en nuestro subsuelo, sino porque tiene una política tributaria que premia ese tipo de emprendimientos a tal punto que invertir en otras iniciativas resulta, en comparación, un mal negocio.

Una forma de entenderlo es imaginar una casa. Su dueño, que no tiene mucha preparación, se dedica a vender la madera del piso, los ladrillos de las paredes. Cuando mira el dinero recibido, cree que su economía ha crecido, se felicita por su genialidad, pero lo que en realidad ocurrió es que se deshizo de recursos limitados y valiosos sin calcular el costo asociado a desarmar la casa. Así es como Chile ha estado creciendo, vendiendo sus recursos más valiosos y sin educar más a su población.

La experiencia internacional indica que economías con esos patrones de crecimiento terminan estancándose. El crecimiento de largo plazo se puede sostener solamente si está basado en incrementos de la productividad y de la tecnología y si el aumento del capital físico ocurre en armonía con el crecimiento del capital humano.

Nuestros análisis demuestran que la razón central por la cual esto ha ocurrido en Chile es la política tributaria.

O dicho de otra manera: una razón fundamental por la que nuestro país sigue siendo productor de materias primas no es sólo porque haya muchos minerales en nuestro subsuelo, sino porque tiene una política tributaria que premia ese tipo de emprendimientos a tal punto que invertir en otras iniciativas resulta, en comparación, un mal negocio. Para seguir con el ejemplo de la casa desarmada, nuestro sistema tributario grava tan levemente el uso de los recursos naturales que transforma el desguace en un negocio mucho más rentable que invertir en tecnología de punta.

Un concepto que ayuda a entender esto es el de las de “rentas económicas”. Estas son las riquezas generadas por distintos agentes económicos y de las que se apropian individuos o empresas porque tienen privilegios especiales, muchos de ellos otorgados por el Estado directa o indirectamente. Ejemplos de rentas económicas son aquellas derivadas de los recursos naturales. Por ejemplo, cuando el Estado no les cobra a las mineras un royalty, lo que está haciendo es regalarles a las firmas un recurso escaso y valioso que pertenece a todos los chilenos. Ese regalo tiene un valor económico. Así, tenemos rentas en la minería, en la pesca, pero también hay rentas extraídas de los consumidores a través de privilegios monopólicos o semi monopólicos de los que gozan bancos, AFPs, ISAPRES y las pocas empresas de distribución o “retail” que controlan los mercados minoristas de todo tipo. Hay rentas que se les arrebatan a pequeños y medianos inversionistas a través del acceso a información privilegiada que le permite a unos pocos grupos económicos explotar a dichos inversionistas; e incluso rentas escamoteadas de manera ilegal a los consumidores (a través de la colusión, por ejemplo, de las tres cadenas de farmacias, de los tres grandes productores de carnes de aves y, aparentemente, de las pocas cadenas de supermercados; o a través de la estafa, como sería el caso de La Polar, Inverlink, y tal vez muchos otros que no se han “destapado”).

El sistema tributario chileno tiene tres grandes fallas: es ineficiente, inequitativo e insuficiente para proveer al Estado de recursos. Estas fallas tienen un denominador común: un sesgo dramáticamente favorable hacia los súper ricos en detrimento del resto de la población. Esto explica una parte significativa de la enorme concentración de la riqueza y del ingreso en Chile.

Nuestros estudios señalan que casi un tercio del PIB de Chile corresponde a rentas económicas que benefician fundamentalmente al pequeño grupo de los chilenos más ricos que tienen los medios para “invertir” en mecanismos de apropiación de rentas y para influir en los políticos de manera de hacerlo con impunidad y discreción.

El hecho de que las rentas económicas se graven muy levemente tiene efectos negativos para la eficiencia económica y la distribución. Primero, los bajos impuestos producen altas tasas de retorno a este tipo de inversiones, lo que genera enormes incentivos para que los grandes intereses económicos no sólo inviertan recursos reales en estas actividades, sino que también tomen grandes riesgos, a través de actividades ilícitas, para acceder a ellas. Por otra parte, cuando los incentivos económicos son tan marcadamente favorables a la colusión, el rol de los entes fiscalizadores -como la Fiscalía Nacional Económica o la Superintendencia de Bancos- se hace muy difícil. Dado el actual sistema tributario, es utópico pensar que una buena “regulación” va a tener un efecto significativo para prevenir la colusión y otras actividades económicas ilícitas.

Segundo, estas rentas económicas podrían gravarse directamente, a través de impuestos dirigidos al uso de recursos que, como está dicho, pertenecen a todos los chilenos. Pero en vez de optar por mecanismos como ése se usan impuestos indirectos como el IVA, que causan distorsiones e ineficiencias en la asignación de los recursos de la economía.

Tercero, un efecto indirecto de lo anterior, es la ineficiencia creada por la sub-inversión en capital humano que realizan las clases menos favorecidas, como consecuencia del pago del IVA. Porque aunque tradicionalmente se considera el IVA como un impuesto al consumo, lo cierto es que para los sectores medios y bajos es más que eso. Si esos grupos deben pagar más por lo que consumen, no podrán, por ejemplo, invertir en la educación de sus hijos.

Las empresas han desarrollado un abanico de estrategias para simular que no retiran las utilidades, aunque es sabido que las retiran. Este hecho es tal vez el factor más importante detrás de la masiva elusión del impuesto a la renta.

Una fuente importante de ineficiencia del sistema impositivo radica en la posibilidad que le da la ley a los dueños de las empresas de no pagar impuestos por las utilidades que obtienen, a no ser que las retiren. Frente a este beneficio, las empresas han desarrollado un abanico de estrategias para simular que no retiran las utilidades, aunque es sabido que en muchos casos las retiran. Este hecho es tal vez el factor más importante detrás de la masiva elusión del impuesto a la renta. Los cálculos actuales indican que hay cerca de U$ 200 mil millones en utilidades “no distribuidas” sobre las cuales no se ha pagado impuesto. Eso implica entre U$20 y US$30 mil millones de impuestos que nunca se han entregado al Fisco y que podrían invertirse, por ejemplo en mejorar la educación de la población.

Por otra parte, este sistema provoca ineficiencia económica al crear incentivos perversos que hacen rentables inversiones que son socialmente indeseables, lo que obviamente tiene grandes costos en bienestar, salvo para la minúscula proporción de los súper ricos que se benefician de dichos incentivos perversos.

Finalmente, el sistema tributario es inequitativo porque permite al 1% más rico de la población pagar tasas impositivas efectivas muy por debajo de las que afectan a la clase media y a los sectores más pobres. Es inequitativo, además, porque genera un campo de juego desnivelado, que favorece a los más ricos y priva a los pobres de recursos para realizar inversiones que son altamente rentables tanto privada como socialmente. Esto último, por añadidura, tiende a perpetuar la enorme desigualdad existente.

Todo lo descrito se puede resumir en tres fallas del sistema tributario: ineficiente, inequitativo e insuficiente para proveer al Estado de recursos.

Estas fallas tienen un denominador común: un sesgo dramáticamente favorable hacia los súper ricos en detrimento del resto de la población. En efecto, la gran concentración del ingreso que existe en Chile se explica mucho más por la masiva apropiación de las rentas económicas por parte del 1% más rico que por la falta de empleo y de educación para el resto de la población. Es decir, no es verdad, como se nos ha tratado de hacer creer, que el empleo es la clave para combatir la desigualdad. Aún duplicando el empleo de los sectores pobres, la actual distribución no mejoraría. Por una parte, debido a la precariedad y bajos ingresos de la mayor parte de los empleos a los cuales ellos tienen acceso; pero en segundo lugar, por la enorme cantidad de dinero en impuestos que los más ricos no pagan.

El sistema tributario es inequitativo porque permite al 1% más rico de la población pagar tasas impositivas efectivas muy por debajo de las que afectan a la clase media y a los sectores más pobres.

Lo anterior implica que si se quiere mantener tasas de desarrollo económico sustentables en el largo plazo y si se quiere realmente reducir de manera importante la vergonzosa concentración del ingreso actual se deben corregir las deficiencias del sistema tributario para hacerlo más eficiente y más equitativo. Eso busca nuestra propuesta para una reforma tributaria que expondremos en la próxima columna.

Publicado por

Ramón E. López

Profesor titular y director de los programas de Magister y Doctorado del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Durante 20 años fue profesor titular de la Universidad de Maryland, EE.UU. Es ingeniero agrónomo (mención Economía Agraria) de la Universidad de Chile; M.Sc. en Agricultural Economics y Ph.D. en Economics de la Universidad de British Columbia, Canadá.

8 comentarios en «Cómo recuperar la enorme cantidad de dinero en impuestos que los más ricos no pagan»

  1. El articulo es bastante sesgado, no muestra la neutralidad que existe en la ley que también beneficia a los profesionales o pequeñas empresas, no existen citas; Ciper al parecer es bueno cuando se trata de investigacion periodistica, pero aqui se caen gravemente ya que es una investigacion academica. Según este articulo en chile todas las industrias son monopolicas, además no considera algo importantisimo, ¿deben tributar las empresas o las personas? despues de todo son las personas las que presentan desigualdad, y las empresas son a fin de cuentas: personas.

  2. Concuerdo con José, se nota solo power point.
    Es evidente que el sistema tributario requiere importantes mejoras, pero los números presentados en muchos aspectos no cuadran.

  3. Aca el estudio, con citas bibliograficas, numeros, etc., tal como lo pide el hijo de papi… Llorará.
    Flaco, baja de la cota mil, viaja en metro, en micro y trata de sobrevivir con el sueldo minimo un par de meses. Tu UC tiene una vision mil veces mas sesgada que este articulo.

  4. EL FRACASO DEL MATERIALISMO

    Siempre me sorprende que se hable de “las rentas” de los recursos naturales. Y que las empresas privadas deben pagar grandes impuestos por el uso de ellas. Yendo a lo práctico. ¿Pagaba la antigua URSS rentas por el uso de sus recursos naturales? ¿A quién? ¿Paga el sistema comunista chino rentas por la naturaleza?

    ¿Quienes han contaminado más el medio ambiente? ¿Los sistemas capitalistas democráticos occidentales o las dictaduras comunistas?. Es obvio que estas últimas porque ningún ambientalista puede oponerse al poder despiadado de los estados comunistas. Basta ver la televisión para observar a la China como destroza su territorio y lo contamina de manera brutal.  Y en cambio vemos a los capitalistas de USA y Europa como intentan cierto balance ambiental.

    Entonces, mi pregunta de fondo es. ¿ Será más justo y sabio un profesional solo por trabajar para una empresa del estado? ¿Que pócima milagrosa bebe cada mañana en su Agencia de Gobierno que lo transforma en un ser justo y equilibrado? Y al revés, cuando esa persona se pasa a una empresa privada a trabajar por decisión propia o por sobrevivir porque lo despidieron del aparataje estatal, por el solo hecho de haberse cambiado de trabajo, ¿ se transforma en eficiente y productivo funcionario? ¿O en un malvado y corrupto?

    Yo creo que ninguna de la alternativas porque cada persona lleva su escala de valores, creencias, juicios y prejuicios a cada lugar en que trabaja. No se hace mejor persona por trabajar para el Estado o por trabajar para una empresa privada.

    Me parece que hay mucho de dogma y de estereotipos que tienen al planeta en un grave desequilibrio económico y humano.

    Ni el sistema capitalista ni la visión estatista de la economía fueron  capaces en el siglo XX de dar mayor equilibrio a la sociedad humana y al planeta.

    Se requiere tomar algo de los dos sistemas y también desarrollar una visión más integrada del hombre y la naturaleza. Estamos en el siglo XXI y no podemos usar como alternativas las visiones capitalistas o marxistas de la economía, porque ambas destrozaron el planeta y a la humanidad. La razón es simple: los hombres que han dirigido esas economías tienen más en común que diferencias.

    Las diferencias están en la retórica, pero en los hechos ambos sistemas comparten ser materialistas e insensibles. Rentas privadas o rentas para el estado, no aseguran justicia, ni equidad ni sustentabilidad. Depende de la calidad humana del administrador de esos recursos. Nada más.

    Debiéramos colocar más énfasis en la calidad de las personas, más que en los sistemas productivos y económicos. Un sabio administrador del estado debiera ser muy apreciado y mantenerlo en el cargo por mucho tiempo. Un sabio gerente de una empresa privada también. Pero un mal administrador del estado o un gerente corrupto o despiadado debiera ser despedido inmediatamente. Entonces, que los recursos los administre un sabio administrador. Si es privado o público, es secundario en la discusión.

    Un sabio administrador y propietario privado compartirá sus beneficios o utilidades con todas las personas. Un egoísta y prepotente propietario privado solo beneficiará a su familia. Un sabio administrador estatal tendrá dura pelea con las camarillas y grupos internos que quieren más cuotas de poder y presupuesto dentro de la organización. Un prepotente funcionario del estado beneficiará preferentemente a su camarilla.

    ¿Cobrar más impuestos es la solución? ¿ Y que se hace con los impuestos? Chile cobra impuestos para innovación a través el Royalty minero. No han hecho nada digno con ese fondo millonario. Nada. Entonces, tengamos una visión más holística porque la teoría de las rentas es muy poca cosa para dar mayor equilibrio a la humanidad y a la naturaleza. Hasta ahora se benefician principalmente del Royalty los funcionarios que están a cargo de su administración.

    Entonces cobrar mayores rentas por el uso de los recursos naturales, no es sinónimo de mayor justicia y bien común.  Hay un largo trecho para afirmar eso.

  5. tributos mas tributos menos entre tanto tecnicismo académico nos estamos quedando sin bosques sin pesca sin agua sin recursos naturales los empresarios se llevan la plata y nosotros nos quedamos con las sobras y mas encima los aplaudimos o los criticamos sin hacer nada por defendernos de tanta depradacion, vamos a ver si tanta discusión mas arriba descrita te va a servir cuando se acabe el cobre ke vamos a hacer ah

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